En casa de Aitor:
Mientras Aitor se afeita Fernando está sentado en la tapa del wáter. Tiene las cortinas de la ducha en las manos y les da vueltas nervioso. Aitor vive encima de su bar, atardece en domingo.
A: ¿Pretendes hacerme creer que ha resucitado?
F: Yo no pretendo hacerte creer nada... me acaba de llamar Helena y me lo ha contado...
A: ¿Ella lo ha visto de verdad o también se lo ha contado alguien?
F: No lo sé... estaba muy nerviosa... Pero si yo la vi muerta... y la encerramos en la caja y luego la metieron en la tumba... Cuando me llamó Helena me dio un vuelco al corazón; ya noté que le pasaba algo raro, pero no me lo quiso contar del todo bien, estaba muy nerviosa y cuando le pregunté parecía como...
A: ¿Y si tu hermana está viva qué haces aquí?
F: Cuando se levantó... lo primero que dijo fue: “¿Dónde está Adrián?”
En la azotea del bloque donde vive Adrián:
El aire le mueve el cabello, está borracho y fuma de un cigarrillo, lo deja caer abajo, a la calle, desde la azotea. Ha medido bien la caída, a ver si con suerte le daba a alguien. El cigarrillo no es buen proyectil, prueba con la saliva. No tiene muy buena puntería, entre la borrachera y el viento no consigue dar en el sitio. No es que vaya a tirarse, sólo se complace, sentado en el borde, borracho. Adrián sólo desea dejar de pensar.
Su voz interior:
Pero yo también amaba tu cuerpo.
Eso del espíritu quién lo sabe...
aunque cuando te vi la cara muerta
tu cara muerta... ¿Dónde estaba ya tu sonrisa?
Solo los labios sellados, quietos
Algo se había evaporado
tu cuerpo estaba sin nada,
estaba seco...
En la calle:
En la calle dos chicos hablan, uno dentro y el otro fuera del coche. Se ríen; algo estarán tramando para esta noche. Los abuelos aún están sentados en los bancos de la plaza.
En casa de Juan y Victoria:
En el jardín una manguera riega en el suelo y el agua ya está encharcando la tierra del romero, los rosales y la hierba luisa. El pequeño Rubén llega corriendo y apaga el grifo del agua. Juan está esperando en la furgoneta de la empresa. Rubén entra aprisa. Salen disparados. Sus caras brillantes también están atardeciendo.
La voz de Nerea:
Sólo para poderte decir, y no sé si con la palabra podré...
después de tanto sufrimiento,
tanto dolor
El goce de volver, sólo volver.
Tienes que sentir lo que vengo a mostrarte.
No está más allá de ti ni de mí,
es como un simple espejo.
Tanta potencia,
cómo explicarlo,
fuentes de fuego, nervios hasta reventar las vísceras,
colores, millones de colores y sabores y tactos y
todo a la vez y mucho más, como una red
de continuo atravesada por las corrientes del mar,
del mar...
En la calle:
Un perro sale de un garaje. Luego sale un hombre, estaba arreglando una moto que recogió de una casa vieja en la que trabaja de albañil. Grita al perro: ¡Roky! ¡Roky! ¡ven aquí!
En el cementerio:
La furgoneta aparcada delante del cementerio, la radio encendida y las luces encendidas. El pequeño Rubén aparece corriendo, quita las llaves del contacto y vuelve a entrar en el cementerio.
La voz de Nerea:
El mar
siempre está llegando
volviendo
Se come las rocas
y sin embargo
parece que está vacío...
cuando entras
flotas,
puedes volar.
En el local de Aitor:
El fútbol, las mujeres, los temas normales. Una chica en la barra y Aitor hablando mientras cambia los canales de la tele. Marcel entra en el bar y va directo hacia Aitor. Detrás suyo, al poco entra el joven Álex que sube encima de una mesa, saca una libreta y empieza a pasar lista:
- Cristofer de Federico
- Román Borrás
- David de ca Marsal
- Juan de la Miravetana
...
Algunos se levantan y dicen “presente” otros no saben ni qué hacer, como en un atraco a un supermercado. Marcel sacude a Aitor, lo reduce a modo policial, lo tiene cogido y le aprieta las manos al cuello, restregándolo por la barra, mientras le dice algo.
En el ascensor del piso de Adrián (y Nerea):
Nerea sube por el ascensor, son ella y el espejo, ella y su cuerpo.
Su voz interior:
Otra vez sentir el peso, la gravedad, la cara.
El rostro se arruga.
Otra vez en este cuerpo... estoy aquí...
me entristece, me da asco.
La alegría que siento
no es por mí
sino por lo que vengo a transmitirles.
¿Quién me despertó?
En la calle:
El perro que se escapó corre y corre. Sus patas son de fuego. Es un Pastor Alemán. Se llama Rocky.
En el cementerio:
El pequeño Rubén frente a la situación. Helena sentada al lado de la tumba abierta, tiene un ramo de romero y tomillo en las manos. Victoria y Juan discuten:
V: ... Saltan la puerta o vete tú a saber, igual tienen las llaves y todo, igual es alguien que trabaja aquí, tenemos que llamar a la policía, nos han robado a nuestra hija, Juan ¡¿que no lo ves!?
J: ¡Victoria cálmate, gritando no vas a solucionar nada!
V: ¿¡Por Dios Juan no te das cuenta de lo que está pasando, nuestra hija Dios mío, qué me han hecho con mi hija, Dios mío...!?
Helena corta la discusión: Nerea se ha levantado sola ha vuelto a la vida.
Al oír esto el pequeño Rubén arranca a correr. De nada sirven los gritos de los abuelos.
La voz de Helena:
Dos cuerpos eran un ángel.
Y Nerea de pie ardía en el deseo de ver a Adrián.
Se miraba la carne lo mismo que al probarse un vestido.
Lágrimas como garbanzos le caían por la cara.
En el bar de Aitor:
Álex guarda la libreta aprisa. Silba con los dedos en la boca. Marcel suelta a Aitor de inmediato, lo estampa contra las botellas. Álex acaba señalando a uno de los clientes con el dedo, lo mira fijamente, antes de arrancar junto a Marcel.
En el piso de Adrián y Nerea:
Ruido de cristales que se rompen, sillas que se mueven, el tambaleo de un cuerpo que no se tiene en pie. Cuando suena el timbre de la puerta para el estruendo. Llega Adrián hasta la mirilla de la puerta. Duda un momento y luego abre, parece que se adecenta un poco. Al abrir la puerta se encuentra con Marcel y Álex.
Marcel se le acerca y junta su cabeza con la de Adrián, le aprieta en un gesto dolido. Álex le coge del hombro. Pero los ojos de Adrián acaban por ir más allá de la presión que ejercen estos desconocidos. Nerea sale de la puerta del ascensor y él intenta quitarse a las moles de encima, que parece que le retienen con un gesto aprehensivo. La mano de Nerea se cuela entre los cuerpos hasta el rostro de Adrián.
En la calle ya es de noche:
Rocky ha encontrado a una hembra. Ambos se inspeccionan, se huelen, ritualizan. El amo aparece, cansado, sale de una esquina. Llama al perro que primero no hace mucho caso. El amo tendrá que acercarse hasta Rocky y regañarle. La perra se va corriendo.
En la puerta del piso de Adrián:
Se oye un silbido. Marcel acaba de parar a un coche en medio de la calle. Álex le indica al conductor que salga del vehículo. Nerea va a subir por la puerta trasera, pero llega corriendo el pequeño Rubén, que no duda en tirarse a los brazos de su madre. El rostro de Nerea ya está velado. Sólo queda la huella del llanto explosivo, de los gritos sordos del pequeño Rubén.
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CONTRAPUNTO
El arte de la Fuga por J. S. Bach.